jueves, 30 de octubre de 2008

2 de Noviembre: El dulce sabor de la Muerte

Las calaveritas están presenten en dibujos, historietas, cuadros, piñatas y títeres de esqueletos multicolores, decorados a base de en papel picado y en deliciosos postres de amaranto, chocolate. Hoy veremos la preparación de calaverita de Azúcar. Ingredientes 3/4 de kilo de azúcar blanca 1/2 cucharada pequeña de crémor tártaro 1/4 de litro de agua 10 moldes de barro Ingredientes para adornar 2 claras de huevo 1 limón Azúcar glass (la necesaria) Colores vegetales (los que se quiera) Papel encerado para hacer las duyas para adornar Papel de estaño de colores Lentejuelas Papelitos con los nombres de tus invitados Manos a la obra Para empezar es necesario poner un recipiente en el fuego y verter el agua. Poco antes de que comience a hervir se agrega el azúcar y se mueve hasta disolverla; la mezcla se mantiene en el fuego, hasta lograr una consistencia espesa, y entonces se retira del fuego y se bate hasta obtener un color blanco uniforme. Al llegar a ese punto se vacía la mezcla en los moldes de barro que se aseguran con una liga. Para cuando estén tibios y el azúcar comience a endurecerse es necesario sumergirlos rápidamente en agua fría, des moldar las calaveras y colocarlas sobre una superficie plana para que sequen al aire libre. Mientras se secan es recomendable preparar la mezcla para los adornos. Se baten las dos claras de huevo, se agregan dos gotas de limón y poco a poco se incorpora el azúcar glass. Se continúa batiendo hasta formar una pasta suave; la mezcla resultante se vacía en el número de recipientes que se necesiten —de acuerdo con los colores vegetales elegidos — , a cada recipiente se le agregan unas gotas de color y se bate hasta que el color sea uniforme. Se llenan las duyas con los colores y se les corta la punta. Se adhiere a las calaveras el papel de estaño con ayuda de la mezcla anterior, así se escribe el nombre de la persona y por lo demás se pueden hacerle adornos. Por último, en los orificios de los ojos se pegan un par de lentejuelas y ¡listo, que la muerte nos sepa bien!

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